Sin novedad en el frente
Paul Baümer y sus compañeros, casi todos
soldados muy jóvenes, se encontraban cerca de un frente alemán en la Primera
Guerra Mundial. Estaban comiendo una gran ración de comida y habían sufrido una
gran cantidad de bajas debido a un combate ocurrido en los días anteriores a
ese. Al terminar, Paul, junto con Kropp y Müller, dos amigos de su compañía, fueron a las letrinas, lugar donde se
evadían un poco de la situación y jugaban a las cartas y hablaban. Estando
allí, Kropp preguntó si sabían algo de su compañero Kemmerich y al enterarse de
que estaba en el hospital, decidieron ir esa misma tarde a verle. También
mencionaron que Kantorek, un antiguo profesor que los animó a apuntarse al
ejército, les enviaba recuerdos. Fueron a ver a su compañero Kemmerich, y se
dieron cuenta de que tenía una pierna amputada y que le quedaba poco tiempo de
vida. Sobornaron al enfermero para que le pinchara morfina y se fueron.
Al día
siguiente, Paul fue a ver a Kemmerich, el cual ya sabía que tenía la pierna
amputada. Le estuvo dando ánimos, pero finalmente murió. Paul se llevó las
botas del difunto para Müller, ya que les quería dar uso y había insistido
mucho en tenerlas.
Días después, llegaron soldados más jóvenes
para cubrir las bajas. Kropp anunció la noticia de que corrían rumores acerca
de que Himmelstoss, su antiguo sargento que les instruyó durante varias semanas
en el cuartel y que era muy estricto, aunque no sabía tanto de guerra como
decía, estaba de camino al frente.
Los soldados fueron enviados a la primera línea
a colocar alambre de púas, muy cerca del frente. Estando allí, comenzó un
bombardeo y se tuvieron que refugiar todos en un cementerio. Los enemigos
tiraron gas y Paul ayudó a un joven recluta, que no sabía como actuar ante la situación y estaba a punto de morir. Cuando todo cesó volvieron al
campamento. Hubo varios muertos y muchos heridos.
Al día
siguiente, los soldados se encontraban conversando sobre qué harían si se
acabara la guerra, a lo cual muchos respondieron que emborracharse o irse a su
casa. En ese momento, Himmelstoss, que ya estaba en el frente, se acercó a
ellos y Tjaden, otro compañero de Paul, y el sargento comenzaron a discutir y a
insultarse. El sargento fue a comunicarle este conflicto al comandante Bertinck
para vengarse de Tjaden, mientras que este huyó para que de buenas a primeras
no lo encontraran. El sargento insistió para que lo buscaran, pero nadie lo hizo.
Por la noche el comandante Bertinck interrogó a los soldados para descubrir
dónde se encontraba Tjaden, y aprovechando la ocasión, Paul y Kropp explicaron
que Himmelstoss se había comportado fatal con Tjaden, y que por eso éste se
había revelado. El comandante dio una buena reprimenda al sargento, y arrestaron
a Kropp porque también discutió con Himmelstoss, y encontraron a Tjaden en un
antiguo gallinero. Paul y su mejor amigo de la compañía, Kat, decidieron ir a comerse
un ganso que estaba en un gallinero. Lo cogieron y lo asaron y el sobrante se
lo llevaron a sus compañeros que se encontraban encerrados.
Pronto los soldados fueron enviados al frente
para preparar una ofensiva, desanimados porque sus oponentes franceses tenían
más artillería que ellos. Pasaron muchos días en tensión, constantemente
atacados, hasta que una noche comenzaron los bombardeos. A los pocos días comenzó
la ofensiva, muy dura y cansada, hasta que después de varias horas, las tropas
enemigas se retiraron, con muchas bajas ya que no pensaban que los enemigos tuvieran
tanta artillería. Fueron pasando los días, todos acompañados de más bombardeos.
Llegaron refuerzos, pero todos eran soldados muy jóvenes e inexpertos; hasta
que finalmente, los soldados fueron relevados y pudieron regresar al
campamento. Sobrevivieron muy pocos.
Los días siguientes a su llegada, aprovecharon
para descansar y disfrutar. Un día mientras nadaban, Paul, Kropp y Leer, otro soldado
compañero, vieron a unas chicas francesas al otro lado del canal, y ya que no
se podía cruzar porque había centinelas vigilando, se escaparon por la noche
para ir a casa de las jóvenes. Les llevaron comida y mantuvieron relaciones
sexuales con ellas.
Paul tenía un permiso de varias semanas antes
de que su ejército tuviera que volver al frente, así que partió. Primero fue a
ver a su familia. Allí descubrió que su madre tenía cáncer. También se reunió
con antiguos profesores y con un antiguo amigo suyo llamado Mittelstaedt, el cual le
informó de que Kantorek había sido llamado para desempeñar el oficio de reservista.
Por último, fue a visitar a la madre de Kemmerich. Ella estaba muy afectada y
le pidió explicaciones acerca de cómo murió su hijo. A pesar de que ella
insistió mucho, Paul no le contó la verdad. Llegó el día en que tenía que
partir, porque tenía que ir a un campamento de instrucción cuatro semanas.
Deseó no haber vuelto a su casa, porque había pasado tiempo con su madre, y no
quería separarse de ella ni que sufriera por estar preocupada por él.
Una vez estaba en el campamento, Paul se dedicó
a observar la naturaleza y a los rusos, ya que los barracones donde él estaba
estaban pegados al campamento donde estaban ellos. Se compadecía de los rusos,
porque al fin y al cabo eran soldados como él, con los que tenían que luchar
por una orden. Además, mendigaban para conseguir comida. Ya que no le concedían
permiso los domingos, el domingo anterior a que Paul partiera hacia el frente,
su hermana y su padre fueron a verlo. Le contaron que a su madre la iban a
operar y estaban preocupados por el precio de la operación.
Paul regresó al frente, y esperó a que la
compañía regresara a los barracones. El Kaiser fue a pasar revista y cuando se
marchó comenzaron a hablar y llegaron a la conclusión de que la guerra se
originaba por los gobiernos, no por el resto de gente que vive en un lugar. Anunciaron
que se necesitaba a alguien para que fuera a patrullar para ver qué lugares
estaban ocupados por los enemigos, y se ofreció Paul. Se sentía muy débil y con
miedo a la muerte, después de haber pasado tantas semanas fuera del frente.
Mientras patrullaba estaba escondido en los cráteres que habían provocado los bombardeos
anteriores, cuando de repente comenzó uno de nuevo. No encontraba el camino a
los barracones, y se sentía con mucho miedo por si los enemigos lo descubrían.
Un soldado rival terminó en el cráter donde estaba él, y Paul lo apuñaló con un
cuchillo para salvarse. Se sentía muy trastornado por haberle quitado la vida a
ese hombre, pero intentaba alejar esos pensamientos. Para compensar ese acto, le
prometió enviarle dinero a su familia anónimamente. Después de pasar días
escondido, consiguió regresar a la trinchera cruzando de cráter en cráter y con
ayuda de dos soldados que habían salido a buscarlo. Les contó todo a sus compañeros
porque estaba muy trastornado por ello, y ellos lo tranquilizaron.
Poco después enviaron a Paul y a sus compañeros
a vigilar una comarca que ha sido evacuada después de un bombardeo. Allí se
dedicaron durante días a comer, beber y disfrutar, junto con dos
radiotelegrafistas que conocieron allí, mientras las tropas enemigas
bombardeaban la aldea para terminar con ella. Regresaron al frente y al cabo de
unos días los enviaron a evacuar un pueblo. Llegando allí los rivales atacaron
y Paul y Kropp, resultaron heridos. Se los llevaron a un hospital, y allí
chantajearon al sargento mayor para que les dejara ir a la vez en el tren de
vuelta a casa. Ya en el tren, puesto que Kropp no estaba en buenas condiciones
de salud, lo querían bajar a en una parada en la que Paul no debía bajarse.
Para que siguieran juntos y él también se bajara en la misma parada que su
compañero, Paul fingió que tenía fiebre. Los dejaron en un hospital católico,
donde los pacientes eran cuidados por monjas. Aunque eran buenas enfermeras, no
eran muy alegres. Hicieron amigos y murió mucha de la gente que se encontraba allí.
Cuando alguien moría, entraba otro herido. Operaron a Paul y le amputaron una
pierna a Kropp, el cual se encontraba muy deprimido después de su operación. Después
de pasar algunas semanas allí, Paul tuvo que regresar al frente, con mucha
lástima por tener que dejar a su compañero allí.
Al llegar, vio que algunos soldados habían
muerto, y otros compañeros suyos murieron poco después, como Berger, Müller,
Leer o el sargento Bertnik. El soldado, Detering, optó por irse, pero no tuvo
éxito. En una reyerta, Kat cayó herido y aunque Paul intentó salvarlo, murió.
Los pocos soldados que quedaban estaban muy trastocados porque se decía que el fin
de la guerra estaba próximo, pero este no llegaba. Paul se encontraba ya solo,
todos sus amigos habían muerto. Abatido y sin ninguna esperanza, murió en
octubre de 1918, con una expresión de tranquilidad en el rostro.
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